¡El cuerpo nunca nos miente!: primer paso para dejar de “vivir en piloto automático”.

Hombre de Vitruvio - Leonardo da Vinci.  Dominio público.

Hombre de Vitruvio – Leonardo da Vinci. Dominio público.

¡Cuantas veces no habremos oído hablar de lo mismo!

Constantemente nos vemos bombardeados por imágenes, artículos, vídeos y un largo etcétera, que nos repiten lo necesario, positivo y saludable que es “tomar las riendas de tu vida”, “hacer que las cosas sucedan”, “dejar de vivir en piloto automático” y otro largo etcétera de clichés sobre la toma de consciencia del ser humano sobre su lugar en el mundo.

Lo que al cliché le queda grande es explicarnos cómo se hace esto.  Tira la piedra y esconde la mano.

Ciertamente, una foto de, digamos…Steve Jobs (o un atleta, o quien sea), con su correspondiente frase, no nos va a sacar del letargo mental para ponernos en la zona de acción, y aún así le prestamos más atención a la foto que a uno de los principales indicadores de nuestra presencia real, de nuestra cualidad de “ser” en el planeta: nuestro propio cuerpo.

El cuerpo es un medidor muy preciso y veraz del entorno en que nos movemos y de cómo este nos afecta: reacciona inmediatamente a cualquier estímulo, ya sea emocional, ambiental o mental, y no miente al respecto.  Si no, ¿de dónde viene lo del “nudo en la garganta”, o las famosas “mariposas en el estómago”? todo esto sin contar con los variados dolores relacionados con estados emocionales, o la dependencia a X o Y sustancia.

Nos damos tanto por sentados, que ni siquiera nos detenemos a pensar en las relaciones causa-efecto de estos fenómenos. Y es aquí donde el camino que lleva a “las riendas del destino” verdaderamente comienza: para poder controlar algo debo conocerlo, y si ese algo es nuestra propia vida, el punto de partida va por la interfaz entre nuestro “ser” (consciencia, mente creadora, como se quiera llamar…) y el mundo.  Y eso es el cuerpo.

El primer esfuerzo por entender cualquier cosa sobre nosotros mismos debería empezar por entender nuestro cuerpo:

  • Sintiéndolo: tomando consciencia de su propia existencia.  Sentir su forma, su tamaño, su peso, su color, los músculos, huesos, órganos, la respiración. etc.
  • Percatándonos de los mensajes que constantemente nos envía: a través de sensaciones, del dolor, de la indisposición, si se nos antoja o no un alimento, o hacer alguna actividad.  Todo esto tiene una razón y hay que saber cuál es.

Este primer estado de consciencia nos abre todo un nuevo mundo de posibilidades, pues nos permite decidir sobre lo que antes ni teníamos en mente:

  • Si ante un alimento nuestro cuerpo nos envía alguna señal, podremos decidir si comerlo o no.  Y si lo comemos conscientemente, asumiremos cualquier consecuencia que con ello venga.
  • Si ante una situación cargada emocionalmente (un conflicto, una discusión profunda…) recibimos una señal de alerta de nuestro cuerpo, podremos decidir si vale la pena continuar o si nuestro organismo nos lo cobrará después.

Y estas pequeñas decisiones serán las primeras de muchas otras que vendrán cuando la consciencia vaya más allá de la interfaz orgánica.  En ese momento ya estaremos bien adentro del camino que nos llevará a hacernos cargo del famoso “piloto automático”.

Como todo en la vida, es más fácil decirlo que hacerlo.  Y al dar el primer paso puede que necesitemos estar acompañados.

Si quieres saber más, puedes contactarme aquí.

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